lunes, 24 de mayo de 2010

De lunáticos y marcianos.

Creo que ya ni siquiera en las escuelas de periodismo o de comunicación hablan a los muchachos, para poner un buen ejemplo del poder de los medios, de aquel pánico colectivo que provocó la adaptación radiofónica de la famosa obra La guerra de los mundos, de H. G. Wells. Era 1938 y el desarrollo de los medios llegaba entonces hasta la radio. En mayo de ese año, millones de norteamericanos fueron presa del terror debido a que una emisora transmitió noticias que sobrecogieron sus ánimos: los marcianos habían invadido la Tierra y estaban aniquilando el planeta, quemando pueblos, reduciendo a escombros ciudades enteras y exterminando todo tipo de fuerzas que osaban hacerles frente. El fin del mundo parecía haber llegado. Durante ocho horas la estación voceó angustiosamente el parte de guerra de aquella invasión y miles y miles de radioescuchas desalojaron a toda prisa sus hogares intentando distanciarse por todos los medios de aquella amenaza. La policía hubo de trabajar al máximo y horas extras para convencer a los asustados ciudadanos, que bloqueaban en su fuga caminos y carreteras, de que habían sido víctimas de un engaño. Ningún marciano de enorme cabeza había bajado a visitarnos sino que se trataba de la adaptación de La guerra de los mundos, de Wells, considerado junto con Julio Verne (primero éste, con sus clásicas obras De la tierra a la luna y Alrededor de la luna) como uno de los padres de la ciencia ficción. Aquel pánico colectivo pasó a la historia. Y así, Lo cierto es que la raza humana ha sufrido ya, en la ficción, numerosos ataques procedentes del espacio, como en el caso que citamos, y en libros y películas hemos sido secuestrados, usados para crueles experimentos, devorados, esterilizados, desintegrados y hasta convertidos en abono para adaptar nuestro planeta a los nuevos inquilinos que pretenden dominarlo.

Cada loco con su tema, dice el dicho, y yo caigo ahora en esa consideración. La semana pasada, entre la comunidad científica internacional se suscitó un debate provocado por el astrofísico británico Stephen Hawking, quien lanzó una advertencia a la humanidad para que haga todo lo posible por evitar el contacto con extraterrestres. Hawking, un verdadero genio a pesar de la esclerosis lateral amiotrófica o enfermedad de Lou Gehring que lo mantiene discapacitado gravemente y en silla de ruedas, una de las mentes más brillantes y respetadas del mundo, cree que es perfectamente racional asumir que existe vida inteligente en otros mundos fuera del nuestro. “Para mi mente matemática, los extraterrestres son algo perfectamente racional. El verdadero desafío es imaginar cómo serán exactamente”, dijo y expresó su creencia de que la vida extraterrestre puede desarrollarse de múltiples formas, aunque la mayoría de estas criaturas serían microbios. Sin embargo, no descarta la existencia de vida mucho más evolucionada e inteligente, pero señala que hacer contacto con una civilización semejante puede ser “un poco arriesgado”. “Si los extraterrestres nos llegan a visitar, creo que el resultado sería muy parecido a como cuando Cristóbal Colón llegó a América, lo que no terminó muy bien para los indígenas. Imagino que habiendo utilizado todos los recursos en su planeta, esas civilizaciones extraterrestres avanzadas se volverían nómadas, buscando conquistar y colonizar cualquier planeta que pudieran alcanzar”. Y cuando pide mejor evitar el contacto con esos seres apunta algo muy racional: “”Sólo debemos mirarnos a nosotros mismos para ver cómo la vida inteligente puede convertirse en algo que no quisiéramos conocer”.

Las reacciones de científicos de relieve no se hicieron esperar. Por ejemplo, Seth Shostak, dice que no hay nada que temer. El investigador del programa SETI de búsqueda de inteligencia extraterrestre recuerda que en las películas los aliens sólo vienen a la Tierra o para encontrar algún recurso del que no disponen en su propio plantea o para utilizarnos para algún oscuro experimento de reproducción y opina que no resulta lógico pensar que si vinieran vendrían a eso. Además, da un argumento económico: los viajes espaciales –dice– son algo muy costoso y requieren de una enorme cantidad de recursos “seas del planeta que seas”. Dice además que si una civilización extraterrestre está lo suficientemente avanzada como para hacer viajes interestelares, resulta lógico pensar que también dispondrán de máquinas y robots muy sofisticados, y que serían esos robots y no ellos personalmente los que llegarían hasta nuestro planeta.

Otro científico, David Morrison, director del centro de investigación espacial Ames de la NASA, dice que cualquier contacto sería sólo en forma de ondas de radio y duda que una civilización avanzada venga con la sola intención de hacernos daño. En esa línea, el escritor de ciencia ficción Jack McDevitt señala que en caso que los extraterrestres existan, nos hayan localizado y hayan viajado hasta aquí, no parece probable que envíen todo un ejército y los pertrechos necesarios para lanzar un ataque contra la Tierra. “Imagine lo que significa reunir toda una fuerza de invasión y sólo para apilarlos en contenedores durante largos años para hacerlos llegar hasta aquí”.

Pero yo regreso a Hawking: “Sólo debemos mirarnos a nosotros mismos para ver cómo la vida inteligente puede convertirse en algo que no quisiéramos conocer”. Sin duda alude a lo peligroso que somos los propios seres humanos, a los monstruos que ha procreado la humanidad: los que decidieron arrojar las bombas atómicas sobre masas humanas en Japón, los que han utilizado napalm contra sus enemigos en las guerras convencionales, los Hitler, los Pinochet, los Marcel Maciel, los terroristas, los narcotraficantes y agregue todos los que usted quiera y acaso conozca. Sí, es cierto, para que queremos conocer a otros seres si pueden llegar a ser una amenaza. Con nosotros basta. Con los que tenemos en la Tierra ya son más que suficientes. Yo por lo menos conozco a más de un lunático –abundan en la actividad política y seguramente van a dejarse ver en las inminentes campañas electorales–, a varios que bien podrían pasar por marcianos, a muchas, por venusinas y a cantidad, por plutones. Y sí, son una verdadera amenaza. Como sugiere Hawking, mejor dejemos las cosas en paz con los de fuera y ocupémonos de los que ya tenemos aquí.